Reportaje 1

El acoso callejero: la lucha en Chile contra una violencia disfrazada

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El acoso sexual callejero es una práctica muy común y naturalizada  en Chile y el mundo, ocurre de manera cotidiana y deja importantes consecuencias psicológicas negativas en sus víctimas: miedo, rabia, asco, inseguridad y humillación. Para exigir el derecho de caminar con seguridad por las calles decenas de agrupaciones han surgido como un espacio de denuncia para promover el legislar y crear conciencia sobre una de las formas más naturalizadas de la violencia de género.

“Cuando tenía 11 años me mandaron a comprar. Estaba contenta porque llevaba puesto un vestido nuevo confeccionado por mi abuela, que me parecía lo más lindo del mundo. Todo iba bien, hasta que un hombre muy mayor se asomó por la reja de su casa, me miró con deseo y me dijo cosas asquerosas al oído. Como nunca me había pasado algo así, entré en pánico y corrí hasta mi casa llorando. Cuando llegué, me cambié el vestido de inmediato y le tomé fobia. También le agarré odio a mi propio cuerpo en plena pubertad. No quería usar sostén, no quería crecer. Desde ese día comencé a usar poleras enormes y pantalones gigantes para ocultar mis formas, y pasaron más de 10 años hasta que pude volver a ponerme un short, una falda o cualquier prenda ajustada sin temor a cómo pudieran verme los demás. El acoso callejero nunca es justo, menos a los 11 años.”

Son cientos los testimonios como el anterior que pueden ser leídos en la página del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC Chile). Esta organización nace ante la demanda ciudadana que reclama el derecho de caminar en paz por las calles. Su lucha consiste en que el espacio público sea un lugar seguro. Señalan en su sitio web que el escenario es complejo, “pues luchamos con imaginarios instalados como culturales e incluso pintorescos”.

El acoso sexual callejero es un tipo de violencia particular, ya que por lo general no implica una relación entre la víctima y su agresor. Esta violencia incluye prácticas como miradas lascivas, piropos, silbidos, besos, bocinazos, jadeos, gestos obscenos, comentarios sexuales, fotografías y grabaciones a partes íntimas, tocaciones, persecuciones y arrinconamientos, masturbación pública y exhibicionismo.

De acuerdo a la Primera Encuesta Sobre Acoso Callejero en Chile realizada por el OCAC Chile durante el año 2014 fue posible conocer cifras alarmantes sobre lo que conlleva el acoso callejero. Entre los hallazgos del estudio, se destaca que un 94,7 por ciento de las mujeres ha sido víctima de acoso sexual callejero, práctica a la cual comienzan a acostumbrarse en pleno desarrollo físico y psicológico. Más de un 77 por ciento de las encuestadas dice ser acosada al menos una vez por semana, mientras que un 40 por ciento sufriría de acoso callejero diariamente.

Frente a la gravedad de las experiencias de acoso del total de personas encuestadas, 71% ha tenido una experiencia de acoso callejero que considera traumática. Estos casos ocurren en promedio a los 18 años, siendo común sufrirlos entre los 10 y los 25 años.

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La segunda encuesta de acoso callejero realizada por el OCAC Chile, se denominó ¿Está Chile dispuesto a sancionar el Acoso Callejero? . Este estudio tuvo por objetivo “conocer la percepción sobre el acoso sexual callejero de los y las residentes de la región Metropolitana, y explorar las percepciones prevalentes en otras regiones de Chile”.

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Entre los hallazgos del estudio, se destaca que tres de cada cuatro personas han sufrido acoso sexual callejero en Chile, en los últimos 12 meses. Es decir, un 75% de la población. En el caso de las mujeres, la cifra llega al 85% y de los hombres, al 55%.

Otro hallazgo sorprendente dentro de la encuesta fue ante la pregunta “¿Está usted dispuesto/a a sancionar el acoso sexual callejero?”. La respuesta fue un rotundo sí: más del 90% de las personas sancionaría de cualquier forma todo acto de acoso sexual callejero.

Ante esta realidad, el 17 de marzo de este año fue ingresado al Congreso un proyecto de ley que busca contribuir a erradicar las prácticas de acoso sexual callejero y señala la importancia de reconocerlas como un tipo de violencia. De esta manera plantea tres tipos de conductas las cuales serán sancionadas a través de una multa.

 

Estas conductas fueron reconocidas como actos no verbales y verbales; captación de imágenes del cuerpo de otra persona y abordajes intimidantes, exhibicionismo o masturbación, persecución a pie o en medios de transporte. En el caso de actos que involucren el contacto físico de carácter sexual, la sanción sería presidio menor en su grado mínimo, es decir, de 61 a 540 días.

Con esta iniciativa se pretende que este tema se visibilice tanto en la ciudadanía como en la legislación y se cree un compromiso a nivel político real, que no solamente estén las sanciones, sino que también esté en manos de ministerios comprometidos con temas de educación sobre esta problemática que afecta a los y las jóvenes.

La gran pregunta recae en que si nuestro país está dispuesto a sancionar este tipo de prácticas. Camila Flores, docente y encargada comunal del programa “Incorporación de la Perspectiva de Género en la Educación”, se refirió al respecto:

En lo que respecta al SERNAM, en el marco de la discusión general del proyecto de ley que modifica el Código Penal para tipificar el acoso sexual callejero en la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, el miércoles 21 de octubre, la Ministra del Servicio Nacional de la Mujer, Sernam, Claudia Pascual, respaldó y destacó la iniciativa ya que, según su parecer, “se reconoce un tipo de violencia hacia la mujer, cumple con visibilizar conductas violentas y saca del espacio privado esta problemática”.

En Valdivia, organizaciones feministas buscan crear conciencia frente a la violencia de género y sus distintas expresiones. Frente a la lucha contra el acoso callejero la coordinadora feministas Valdivia ha propiciado instancias de diálogo y ayuda para lograr erradicar esta práctica. En este sentido María José Leiva, integrante de la coordinadora, señaló que en Chile es necesario una ley que legisle frente al acoso callejero y la reconozca como una práctica violenta.

Además, si consideramos que desde el patriarcado la mujer se percibe como un objeto para ser sometido por un patrimonio genérico de los varones el acoso sexual callejero se puede entender como la cosificación de la mujer y la valorización de esta según   características de su cuerpo. Frente a esto Camila Flores también se refirió al respecto:

 

 

Otros casos en América latina

Durante marzo de este año Perú se convirtió en el primer país de Latinoamérica en legislar respecto al acoso callejero. Este fue un paso muy importante ya que por primera vez el Estado fue capaz de reconocer que el acoso callejero es una forma de violencia.

El gobierno argentino también puso el acoso callejero sobre la agenda legislativa y se presentó un proyecto de ley que busca sancionar las conductas de acoso sexual callejero con multas de hasta 480 mil pesos chilenos, dinero que sería destinado al Consejo Nacional de la Mujer para el fortalecimiento de políticas públicas de prevención.

Además, existen diversas organizaciones en el continente que luchan por acabar con estas prácticas y para que el espacio público sea un lugar seguro. El observatorio contra el acoso callejero se extiende en Colombia, Nicaragua y Uruguay. Mientras en en Brasil existe Chega de fiu fiu, creada por la periodista Juliana de Faria.

Pero entonces ¿Qué se puede hacer frente a ello?. Natalia Huenulef, antropóloga y coordinadora nacional de la Red Chilena Contra la Violencia Hacia las Mujeres, manifiesta que la clave es cambiar la forma en que nos socializan, Cuestionarla. Emprender nuevas formas de entender el ser hombre y el ser mujer, para dejar de ser ese hombre y esa mujer que nos dicen que seamos, para no repetir, reproducir y multiplicar la violencia, para que más mujeres puedan vivir sin tener que sobrevivir, y para que menos hombres sean presas de vidas llenas de violencia.


Aunque reconozcamos que el acoso sexual callejero es un tipo de violencia, lamentablemente, está culturalmente aceptado, tanto por hombres como por mujeres. Los hombres no ven su acción como violencia: asumen que es su derecho dirigirse a las mujeres de esa forma. Las mujeres rara vez se defienden de ella: asumen el acoso callejero es el precio que hay que pagar por ser mujer y transitar sola por la calle.